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<title><![CDATA[Comentarios al libro: ¿QUIERES HACER EL FAVOR DE CALLARTE, POR FAVOR?]]></title>
<link><![CDATA[https://www.biblioeteca.com/biblioeteca.web/titulo/quieres-hacer-el-favor-de-callarte%2C-por-favor%3F]]></link>
<description><![CDATA[En <em>¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?</em> su primer libro de relatos, que escribió y reescribió a lo lardo de quince años y que le supuso la consagración inmediata, <strong>Raymond Carver</strong> renovó la forma del relato breve hasta darle proporciones de Hairy y si que esta utilización radical de la elipsis le haga perder ninguna fuerza. Todo lo contrario, los relatos de Carver poseen, quizá precisamente por su mismo carácter fragmentario, una inesperada capacidad y provocar una impresión fortísima una indleble conmoción. Los dramas aparentemente más triviales, las catástrofes silenciosas de la gente más común: tal es el territorio en que se mueven siempre los inquietantes relatos de Carver, el maestro indiscutible de cuento norteamericano actual.]]></description>
<lastBuildDate>Sun, 11 Oct 2026 14:13:37 +0000</lastBuildDate>
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<copyright>Copyright 202 6BiblioEteca Technologies SL</copyright>
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<title><![CDATA[#1 ¿QUIERES HACER EL FAVOR DE CALLARTE, POR FAVOR? (rubénmuñozherr)]]></title>
<link><![CDATA[https://www.biblioeteca.com/biblioeteca.web/titulo/quieres-hacer-el-favor-de-callarte%2C-por-favor%3F]]></link>
<description><![CDATA[<p><em>&iquest;Quieres hacer el favor de callarte, por favor?</em></p>  <p>Raymond Carver no es un autor de &laquo;realismo sucio&raquo;, como se empecina la cr&iacute;tica en etiquetarlo. Raymond Carver no es un autor que se pueda etiquetar, tal como sucede con el mejor Flaubert o Tolstoi. En este libro encontramos ejemplos de maestr&iacute;a narrativa a lo Ch&eacute;jov, confiriendo importancia al detalle hasta el extremo de que si un clavo aparece en el primer p&aacute;rrafo, el protagonista debe ahorcarse de ese clavo, aunque los clavos de Carver suelen ser la incomunicaci&oacute;n, lo tangencial, lo somero, la fugacidad. Pero tambi&eacute;n acercamientos a la receta borgiana o quiroguiana: &laquo;Lleva al personaje de la mano como si no supieras lo que va a ocurrirle, sin ver otra cosa distinta a lo que &eacute;l ve&raquo;. Aunque se aprecian tambi&eacute;n, en las dos vertientes que no son del todo antag&oacute;nicas, las tres consignas de Cort&aacute;zar para el relato corto (significaci&oacute;n, intensidad y tensi&oacute;n) m&aacute;s los consejos de Poe sobre la unidad de impresi&oacute;n del relato. &iquest;Qu&eacute; hace &uacute;nico a Raymond Carver con todo este acervo literario bajo sus pies? La pasmosa facilidad que tiene para graduar la distancia entre &eacute;l y sus personajes, apenas se mete en su interior y siempre nos enteramos m&aacute;s siguiendo la acci&oacute;n literaria que la psicolog&iacute;a desvelada. Y cuando se mete dentro&hellip; es para echar a correr. Puede cambiar del narrador protagonista al narrador testigo como si se pasara del rubio al negro (no soy fumador, as&iacute; que no s&eacute; cu&aacute;n dif&iacute;cil es), un narrador interno graduado con aparente objetividad nos cuenta todo de s&iacute; mismo hablando pestes de terceros, una narradora externa a la historia nos convence de lo que a ella le interesa&hellip; para despu&eacute;s suicidarse. La sensibilidad que va desplegando en gradaciones, seg&uacute;n corresponda a cada personaje elegido, no se detiene en la construcci&oacute;n de personajes esf&eacute;ricos o dimensionados, va tan all&aacute; como en <em>El padre</em>, donde se nos narra la historia de la socializaci&oacute;n (y se a&iacute;sla la figura del creador al margen de la sociedad intolerante que no consiente un &aacute;pice de libre albedr&iacute;o, en este caso matriarcal) en solo una p&aacute;gina y media, o en <em>Recolectores</em>, donde se explican los rudimentos de la escritura, de la observaci&oacute;n, de la utilizaci&oacute;n del detalle y el objeto perge&ntilde;ando una gloriosa po&eacute;tica a trav&eacute;s de un (aparente) vendedor de aspiradoras y un (aparente) comprador desinteresado; no digamos ya en <em>Gordo</em>, relato que abre el libro, donde se engendra ese proceso emp&aacute;tico tan dif&iacute;cil de narrar de forma veros&iacute;mil en literatura en el que el agresor (o depredador) acaba identific&aacute;ndose con la v&iacute;ctima: hasta el gran Tob&iacute;as Wolff bebe de estos artificios que tan poco se notan o tan bien dise&ntilde;ados est&aacute;n. <em>Tres rosas amarillas</em>, <em>Catedral</em> o <em>De qu&eacute; hablamos cuando hablamos de amor</em> son otras tantas obras sublimes que han abierto el camino a la literatura del siglo XXI.</p> ]]></description>
<pubDate>Sun, 22 Jun 2014 06:59:11 +0000</pubDate>
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