<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<rss version="2.0">
<channel>
<title><![CDATA[Comentarios al libro: PLATAFORMA]]></title>
<link><![CDATA[https://www.biblioeteca.com/biblioeteca.web/titulo/plataforma]]></link>
<description><![CDATA[Michel, parisino, cuarentón, funcionario en un ministerio. Incapaz de experimentar ninguna emoción. Después de la muerte de su padre decide partir: unas vacaciones en Tailandia. En el oasis del turismo sexual, Michel vive un encuentro imprevisto: conoce a Valérie, directiva de Nouvelles Fronti&#232;res. Ese encuentro será excepcional para Michel, ya que Valérie es capaz de sentir placer. De vuelta en París, Michel emprende, junto a ella y un amigo, una aventura empresarial: crean una red mundial de colonias turísticas en las que el sexo se practique libremente. La iniciativa conoce un éxito inmediato. Pero poco después la tragedia se precipita. Una novela que, al poner en su punto de mira el cinismo erótico de la sociedad de consumo, ha conmocionado a Francia.<br />]]></description>
<lastBuildDate>Sun, 11 Oct 2026 12:19:04 +0000</lastBuildDate>
<language>es</language>
<copyright>Copyright 202 6BiblioEteca Technologies SL</copyright>
<item>
<title><![CDATA[#1 PLATAFORMA (nocilla blanca)]]></title>
<link><![CDATA[https://www.biblioeteca.com/biblioeteca.web/titulo/plataforma]]></link>
<description><![CDATA[Me ha parecido una novela muy buena. Una visi&oacute;n &aacute;cida y amarga de la decadencia de la sociedad occidental y su confrontaci&oacute;n con otras culturas. ]]></description>
<pubDate>Sat, 18 Aug 2012 20:25:40 +0000</pubDate>
</item><item>
<title><![CDATA[#2 PLATAFORMA (rubénmuñozherr)]]></title>
<link><![CDATA[https://www.biblioeteca.com/biblioeteca.web/titulo/plataforma]]></link>
<description><![CDATA[<p>LAS PART&Iacute;CULAS ELEMENTALES QUE SELECCIONAN LECTORES</p>  <p>En literatura hay un estadio muy dif&iacute;cil de alcanzar que imbrica la excelencia en el uso del lenguaje y sus formas y contenidos con aquello que resaltaba Heidegger y que llamaba &laquo;la m&aacute;xima concentraci&oacute;n&raquo;, aquello que es inefable y que resiste impert&eacute;rrito a la ingenuidad de las investigaciones acad&eacute;micas, lo que impide acceder al lenguaje cuando se encuentra en estado de m&aacute;xima concentraci&oacute;n, cuando es &laquo;la totalidad del ser&raquo;, es decir, impide acceder a la literatura. Toda visi&oacute;n dogm&aacute;tica (y el racionalismo tambi&eacute;n puede serlo) excluye el &laquo;misterio&raquo;, su condici&oacute;n intermedia entre la espiritualidad y una articulaci&oacute;n f&iacute;sica.</p>  <p>Me recomendaron a Michel Houellebecq hace a&ntilde;os, con la advertencia de que &laquo;era muy duro, un soci&oacute;logo implacable, muy mis&oacute;gino&raquo;, cosas as&iacute;; y lo cierto es que me alegro de haberlo conocido a mi edad y con cierto criterio literario que desde&ntilde;a inmediatamente los juicios morales (y aun las reflexiones &eacute;ticas) y sorprenderme y aprender con perplejidad que las vueltas que se le pueden dar al arte novelesco son inagotables, pero que la necesidad de identificarse del lector con lo que est&aacute; leyendo (generalmente grotesca y que lo vuelve tan manipulable que a&uacute;pa a las cumbres del mercado libros como los de Rowling, Bucay o Coelho) es tambi&eacute;n imperecedera, pero p&eacute;trea y misone&iacute;sta.</p>  <p>Es cierto que Houllebecq es soci&oacute;logo, y ah&iacute; acaba la informaci&oacute;n relevante que deber&iacute;amos tener sobre &eacute;l: porque sus libros hablan de otra cosa. A nadie se le ocurrir&iacute;a creer que en <em>Otra vuelta de tuerca</em>, Henry James est&aacute; contando los avatares de una joven criada, aunque su intenci&oacute;n a primer nivel sea esa, o que Raymond Carver en <em>Recolectores</em> est&aacute; muy interesado en la venta de aspiradoras a domicilio. Una amiga me preguntaba hace poco qu&eacute; estadios ve&iacute;a en Houllebecq, porque ella solo cre&iacute;a ver uno. A m&iacute; me pareci&oacute;, por lo pronto, que si ce&ntilde;imos su lectura a lo m&aacute;s esencial ya tenemos dos: el primero, a nivel cut&aacute;neo, se centra en los campos de batalla ideol&oacute;gicos que va sembrando (el sexo, el dinero, la agresividad y la competitividad en las relaciones personales). Michel sabe que el lector quiere, necesita, catalogarlo y de ah&iacute; su extrema magnificencia: &iquest;quieres identificarte identific&aacute;ndome a m&iacute;? &iquest;No quieres ver al escritor sino a un trasunto tuyo como lector? Pues ah&iacute; va. Los que quieran pensar que escribe lo que escribe porque es un mis&oacute;gino, un marica resentido, un cornudo complaciente amargado, etc. ya tienen donde masticar.</p>  <p>El segundo estadio, m&aacute;s gen&eacute;rico, y destinado a aquellos que creen que la literatura es historia, o sociolog&iacute;a, o psicolog&iacute;a, o matem&aacute;tica, lo integrar&iacute;a lo que dice de esta sociedad: c&oacute;mo es para el narrador identificado que est&aacute; contando la historia el mundo en el que se desenvuelve. Y ah&iacute; est&aacute; el segundo gancho con cebo que tiende a las aguas turbulentas de la mente humana: porque no es &eacute;l el que est&aacute; hablando, es su personaje, algo que se olvida r&aacute;pidamente sumido en la vor&aacute;gine demencial de repugnancia que suscita la forma de pensar de su criatura.</p>  <p>Y despu&eacute;s viene el gran salto al vac&iacute;o que lo convierte en un creador de talla &uacute;nica. La indagaci&oacute;n en la probabil&iacute;stica existencial que hiciera a Kafka tan distinto, a Kundera tan distinto, a Virginia Woolf tan distinta&hellip; Houllebecq se vale de un personaje, precisamente, para evidenciar la ingenuidad del lector que necesita identificarse con algo de lo que lee y luego te va vapuleando con una indecisi&oacute;n o locura tras otra, con una indeterminaci&oacute;n que llegado un punto te remueve las entra&ntilde;as y te deposita en el lugar exacto en el que empezaste a leer su libro pregunt&aacute;ndote: &laquo;&iquest;Pero...?&raquo;. No hay respuestas, por fortuna, en sus libros y las aparentes cr&iacute;ticas sard&oacute;nicas y con tintes c&iacute;nicos se quedan en un velo gaseoso de captaci&oacute;n de lectores cuya p&aacute;tina gotea meses y meses sobre ti. <em>Las part&iacute;culas elementales</em>, <em>Ampliaci&oacute;n del</em> <em>campo de batalla</em>, <em>Plataforma</em>, etc. son ya cl&aacute;sicos literarios de un sujeto que vive y colea, inquieta y desazona, muerde y exhibe puntas de luz en la m&aacute;s rec&oacute;ndita oscuridad para luego apagarlas cuando el lector se ilusionaba. Todo lo que escribe sugiere un cabreo permanente (sobre todo con el lector) que a &eacute;l le sirve para escribir el siguiente libro; por sus p&aacute;ginas pululan decenas de personajes que tambi&eacute;n est&aacute;n cabreados, pero ni saben por qu&eacute; ni les importa (incluso soci&oacute;logos y psic&oacute;logos se regodean, adem&aacute;s, de creer que tienen ciertas claves que los dem&aacute;s no cuando legitiman el juego macabro al que todos jugamos). Si hay que ponerle alguna pega, es la pobreza descriptiva con la que reviste a sus personajes, pues si en un momento determinado es importante para ti su aspecto f&iacute;sico o sus vestimentas es algo que se deber&iacute;a cuidar. Pero en todo caso un implacable cabronazo (escribiendo) que a&uacute;n no ha dicho su &uacute;ltima palabra.</p> ]]></description>
<pubDate>Sat, 21 Jun 2014 21:46:21 +0000</pubDate>
</item>
</channel>
</rss>
