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<title><![CDATA[Comentarios al libro: IBERIA HISTÉRICA]]></title>
<link><![CDATA[https://www.biblioeteca.com/biblioeteca.web/titulo/iberia-histerica]]></link>
<description><![CDATA[— ¡Ya basta! —gritó Orisos, el oretano—. ¿No veis que nos enzarzamos por lo más nimio?
<br />— ¡Es inútil! —suspiró con resignación el anciano augur Indicortes—. Los íberos albergamos en nuestro seno una tea de discordia, presta a encenderse al primer soplo. Somos así... ¡qué se le va a hacer! Este nuestro extraño mal debe de producirlo la combinación de nuestro aires, nuestras aguas, nuestra flora... o tal vez lo que comemos, pues de resultas salimos unos sujetos jaraneros, fardones, orgullosos, valientes, rebeldes, pendencieros, charlatanes, gesticulantes, generosos, chapuceros, remisos y envidiosos.
<br />— Así es, Indicortes. Y eso lo descubrieron los fenicios —contestó un contestano de Ilici, y añadió—: Un cartaginés refirió a mi abuelo que un antepasado suyo vino a esta península acompañado de un pariente mudo que, apenas bebió nuestras aguas, rompió a hablar y se tornó tan bocazas que hubieron de volverlo a Cartago por ver si así callaba.
<br />Aquella junta habíase convocado para intentar acordar _¡vana ilusión!_ las acciones a emprender contra el invasor romano.
<br />La controversia y la neura eran las verdaderas protagonistas de todo Consejo Ibérico que se preciara; cada cual discutía con sus vecinos, se lanzaban a la cara sus diferentes dioses y dialectos, se desdecían de lo que habían defendido antes acaloradamente, solo por llevar la contraria a sus fronterizos cuando de pronto estos sostenían lo mismo. ¡Por todos los dioses, vaya tropa! Lusitanos, turdetanos, arévacos, carpetanos, pelendones, layetanos, astures, vascones, bastetanos..., igual daba, andaban todo el día de polémica, enredados en dimes y diretes, aunque sin buscar ni querer una ruptura concluyente, y solo de acuerdo en jactarse de que no los había más machos ni en Roma ni en Cartago ni en las Galias ni en Fenicia ni en Numidia ni en la Hélade.
<br />Sí, sí; tal vez se deba al agua. Los pueblos ibéricos se reúnen constantemente, se convocan para cualquier cosa, sea de alcance o no, porque quieren hacerse creer unos a otros que se tienen en cuenta. Se reúnen como si creyeran que van a sacar algo en limpio de sus conciliábulos, pero, después de interminables y desabridas discusiones, pueden disolverse aún más distanciados y con mayores discrepancias que las existentes antes de la reunión. Tras sus intransigentes despedidas, creen sentirse luego autorizados para proceder cada cual según su real gana.
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<br />Allá por el siglo II a.C., entre los riscos de la sierra Bética y próximo a la ciudad de Corduba se asentaba un campamento militar _ más bien un batiburrillo de destartalados chamizos_ de las Tribus Confederadas Ibéricas. De allí parten tres espías disfrazados de buhoneros, a quienes acompañaremos en el discurrir del relato; con ellos viviremos desatinadas aventuras y delirantes situaciones.
<br />En esta novela, la Historia es HISTORIA, al mismo tiempo que la ficción es irreverente y desmitificadora. Junto a personajes históricos como Servio Sulpicio Galba y los cónsules Serviliano y Quinto Fabio Máximo, podemos tropezarnos con inventos como el pretor Marco Lenocinio Fornicator; junto a Viriato o Minuros, nos regodearemos con el bastetano Malafollá, con la cándida Auxentia o la simpar prostituta Gala Placentia, cuyo acento de su lengua madre gala le aportaba ese aire exótico tan apreciado en su oficio.
<br />Y en su conjunto, podemos resumir esta obra con palabras de uno de sus protagonistas, el sabio augur Indicortes: "¡Oh, íberos, patulea de buscarruidos!"
<br />]]></description>
<lastBuildDate>Mon, 21 Sep 2026 03:05:54 +0000</lastBuildDate>
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